La inmediatez que mata...
De los quehaceres del hogar al teléfono, al trabajo, responder mensajes, hacer la compra, en el tiempo libre poner un podcast para escuchar, los emails para borrar se acumulan…, todo parece tan lleno…, y entonces, para desconectar, nos “conectamos” a una app y comienza el scroll… Cerramos después de muchos más minutos de lo que pensábamos, con un sentimiento pesado y raro… A la hora de compartir con la familia no logramos estar tan relajados como quisiéramos, y la frustración silenciosa pero segura se sigue asentando “¿porqué no puedo sentirme mejor y siempre hay algo que falta por hacer?
La vida moderna es extremadamente difícil para el ser humano y para nuestro espíritu, ¡y ni se siga para el cuerpo y para la mente! Cuando el ruido externo se vuelve ruido interno del que no podemos escapar, cuando siempre hay pendientes, y es muy difícil estar en SILENCIO con nosotros mismos sin una tormenta de pensamientos, es momento de parar y ser testigos de la realidad en la que estamos viviendo como colectivo.
“¿Porqué siento presión de responder a todo de inmediato? ¿Desde cuándo todo tiene que ser inmediato?”
No se puede vivir sano y en paz en un mundo loco, siguiendo la corriente de una locura.
Lo más mínimo y esencial se ha vuelto tan raro y escaso. ¿Quién puede decir con total seguridad que puede sentarse 15 minutos diarios a conectar consigo mismos, sin pensar en mil cosas, con ninguna agenda en mente, más la de conectar con la Energía Divida de toda la Creación? El 99% de las personas no lo hacemos y si lo hacemos no es algo fácil. El mundo externo y el ruido se ha vuelto incontrolable, adictivo, enfermizo y hay que tener mucha fuerza de voluntad y disciplina para generar hábitos que nos den paz interna y serenidad entre el caos del mundo, todos los días. A veces incluso hasta pensar en lo que hay que “hacer” para tener paz mental, da agobio. ¡Qué locura!
Hice una pausa de más de 3 meses sin publicar contenido en Instagram porque sentía una energía tan pesada, negativa y adictiva allí. Y después de este tiempo de detox de redes sociales, me sentí con más control de nuevo. Y eso que llevo 24 años sin ver televisión, y varios años sin ver noticias.
Somos mamíferos y nuestros cerebros son orgánicos (aunque es obvio no los tratamos así), no están hechos para funcionar y procesar la cantidad de información que el mundo bombardea a diario como si fuera otro dispositivo más. También somos seres sociales que necesitamos de una comunidad y de contacto con el otro, sí, pero contacto real, donde nuestros cuerpos energéticos puedan tener un intercambio palpable que involucra a todos los sentidos. Estamos diseñados para vivir en un tejido social que se apoya, no que se compara o compite.
Nuestro sistema nervioso necesita estar rodeado de naturaleza para regularse y regresar a un estado de tranquilidad y relajación. Nuestro cuerpo necesita un sistema nervioso relajado, y no en alerta constante. Por lo menos, necesitamos estar conscientes de nuestra respiración para poder regularnos.
Se nos olvida, que en realidad tenemos todo el poder en cada desición que tomamos. Nadie nos obliga a responder los mensajes de inmediato. Podemos silenciar notificaciones y dedicar momentos designados en el día para responder mensajes. Podemos comunicar a nuestros amigos que pueden llamarnos por teléfono si es algo que requiere urgencia, porque no estaremos pegados al celular. Podemos borrar aplicaciones en el móvil y usar más el ordenador. Podemos cuestionar el ritmo de vida que tenemos que nos ha llevado hasta aquí. Podemos decidir otro ritmo. Podemos ignorar el ruido por más fuerte que sea. Y cuando nos dejamos llevar…, podemos tener compasión por nosotros mismos después de pasar una hora haciendo scroll para distraernos y acabando con una saturación cerebral que nos hace olvidar más y más cosas…
Podemos respirar, aquí y ahora, contectar con la Luz Creadora o Dios o como le quieras llamar, y con el corazón pedir conexión con esa Luz. En un instante la calma regresa, en un instante podemos sentir nuestro Ser, nuestra alma, este momento, a Dios.
A veces y en la mayoría de los casos, hay muchas emociones que se han quedado en “stand by” en nuestro cuerpo por diversas razones, para poder ser sentidas en un momento más oportuno en la vida adulta. Pero ya de adultos sin tiempo, se siguen acumulando, de manera que cuando logramos estar en silencio, ¡queremos salir de allí y distraernos!, nadie quiere sentir un tsunami de tristeza o de enojo…
En mi experiencia al haber transitado dos duelos por hijos, puedo decir con total certeza y seguridad, que lo único que ayuda para la liberación de emociones, es permitir sentir, por muy doloroso que sea. Para sanar no se puede evadir ni hay atajos. El entender con la mente no equivale a sanar emociones. Se puede entender todo y sentirse completamente fatal. La psico-educación es básica, pero no basta. No es necesario vaciar todo de golpe, el cuerpo sabe cuánto, el cuerpo lo sabe todo y la cantidad que tiene que salir, va a salir. No lo podemos controlar nosotros, sólo hay que perder el miedo, estar en un lugar seguro, y permitir (te pueden interesar las Sesiones de Sanación Emocional Profunda).
He vuelto a las pocas redes sociales que tengo porque es parte de mi trabajo, pero ahora la intención es clara, aunque el hábito está en construcción. El primer día que volví a la red y había publicado sin protegerme energéticamente, sentí un cansancio que me tumbó en la cama por unas horas, y no entendía porqué. Hasta que mi intuición me dijo “recuerda que hay mucha infiltración de energías en las redes sociales” y después de una limpieza energética que pedí a la Luz Divina, me volví a sentir bien.
Ahora antes de abrir una red social, respiro y conecto con esa Luz Divina del Universo y el Creador, y declaro “dame tu armadura de luz” o “protégeme con tu armadura de luz”. A continuación, entro a la red, publico lo que tengo que publicar, y listo. O veo lo que quiero ver de alguien a quien sigo, y listo. Y no me drena.
Cada acción que tomamos aunque parezca insignificante, cuenta y vale, en tu vida, y en la realidad colectiva. Porque vales mucho, porque eres parte de esta realidad. Pido a Dios/la Fuente que tengamos el coraje de alinearnos cada vez más con lo que es bueno para nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestros espíritus. Más quietud, más silencio, más conexión. Y aún estando entre las sobras de la oscuridad y caos mundial en el que vivimos, podamos caminar con luz firme para construir lo que siempre ha sido nuestro destino y derecho divino.
Sanación Emocional Profunda
Sesiones en línea con una modalidad segura y poderosa que no re-traumatiza, transformando heridas con el amor y la compasión de la Luz Divina.